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1-12-2005 “Buenas
tardes, Sr. X. Ha recibido usted hoy la noticia que doy por hecho que
usted esperaba tranquilamente, dormido, sin esperarla realmente. Sr. X,
usted hoy ha sido conocedor de esa noticia que para el que la notifica
lo es todo menos noticia. No se altere usted. No lo ha hecho. O sí. Es
usted críptico en su reacción, Sr. X. Pero no sorprende al notificante.
Esperamos noticias suyas en breve, Sr. X, y ya sabe usted cuáles. No queremos
lamentos. No queremos arrepentimientos. Queremos hechos. Unos de tipo
económico, otros quizá mejor de tipo sentimental. No se preocupe, elija
qué caminos seguir en la recta final. Si la carta tuviera un toque personal, pensarían ustedes que esto es o bien una broma de mal gusto, si el mal gusto cabe en este tipo de bromas, o una amenaza en toda regla. Pero digamos que no es ni una cosa ni la otra. Digamos que es una comunicación neutra para el Sr. X. Porque el Sr. X, señores (y perdonen ustedes esta redundancia, “rebundancia”, de rebuznar, o incluso repugnancia, por eso de hacer la verbigracia de turno), digo, el Sr. X nos ha estado molestando continuamente con sus exquisitas peticiones. Ese señor, al que llamamos X por no llamarlo de otra manera, ha resultado ser un incordio, no sólo para nuestra entidad, sino para el resto de los mortales, hasta tal punto, que en fecha de hoy me he visto obligada a escribirle esas líneas que encabezan este relato. Y si ahora empiezo a escribir sobre lo que se avecina, se me tildará de ser una tópica-plasta, pero pensándolo bien, y dejándonos de memeces y de intentar inútilmente ser original, no tengo más remedio que hacer referencia en esta editorial a las Fiestas Navideñas y al mundillo muerto de los MC, dos temas que en apariencia, ninguna relación guardan. Cuando el ahora grandullón Sr. X era tan solo un enano, hasta los 7 años, creía firmemente en los Reyes, en Papá Noel, en el caga Tió, pero sobre todo, creía que si se portaba bien, tendría muchos regalos y una buena carta del Rey Baltasar, en la que le diría que era un niño bueno. Navidad era un sueño hecho realidad no sólo para el Sr. X, sino para todos los niños que, como él, vivían esas fechas como algo especial, verdadero y único. El Sr. X se pegó el patacazo a los 8 años, cuando algún descreído de su clase le dijo que los Reyes, como ya sabía todo el mundo, eran los padres. Ese desengaño lo hemos vivido todos, más tarde o más temprano, y cada uno lo ha llevado como ha podido. El sueño era una mentira, y la realidad era triste, consumista, patética y, sobre todo, una necesidad constante de hacer aquello que toca en nuestra sociedad actual, dictado ese quehacer por cuatro idiotas que sólo se alimentan de la obediencia de los borregos de siempre. Hoy el Sr. X cuenta ya con 35 años. Lleva su flamante moto Harley Davidson arriba y a bajo, porque le encantan las motos, porque le gusta que el aire abofetee su cara, y ni la lluvia ni el frío le impiden disfrutar de lo que más le gusta: viajar en su moto (por Dios, que paren de sonar esos violines de fondo). Pero hasta esos 35 años, el Sr. X no sólo disfrutaba de su moto, sino que también creía firmemente en los MC, en la hermandad, en un estilo de vida distinto y auténtico. Hasta que un día se pegó el batacazo: ya no existe esa hermandad, no es real ni auténtico ser de un MC, y los que parece que no son nada, sólo son cuando se incrustan en la espalda tres parches de poca monta. Señores, se ha perdido todo lo que en su día quería decir formar parte de un Club. Hoy, como ocurre con la Navidad que el Sr. X creía auténtica, los MC no tienen ningún sentido, el sueño era una mentira, y la realidad es triste, consumista, patética y, sobe todo, una necesidad constante de hacer aquello que toca en nuestra sociedad actual, dictado ese quehacer por cuatro idiotas que sólo se alimentan de la obediencia de los borregos de siempre. (Nota mental: nótese ese cortar y pegar; qué curiosa es la tecnología). No pierdan la esperanza, se puede volver a soñar en los Reyes, ser bueno y esperar que algún día, pasadas unas cuantas generaciones que limpien esta triste corrupción de lo auténtico, vuelvan a existir MC de verdad y niños mayores que crean en los Reyes Magos. No hablo por mí, es obvio. Escribo lo que muchos piensan, y entre melancólicos y cabreados me cuentan entre cerveza y cerveza. El Sr. X recibió esas líneas. Ahí acabó todo. Puede que el año que viene nos saltemos el tiempo y todo vuelva a ser un sueño hecho realidad. Quién sabe. Sorpresa. Y como soy mujer, me puedo permitir este tipo de babosadas escritas, aunque ahora este comentario me puede costar el premio limón en la Asociación de mujeres del barrio. Puestos
a ser tópicos, sólo me queda deciros a todos Feliz Navidad, y próspero
Año Nuevo.
Popon |
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