06-06-2006

En el día de la Bestia

Uno ya no es un niño, aunque a veces pueda parecerlo. Alguna vez pensó en aquello del "bonito cadáver", pero la vida se mostró inexorable y aquel que no se veía vivo con cuarenta pirulos se rindió a la realidad del destino. Más de una vez estuvo a punto de quebrarse este sino que hoy es, pero repito, la vida se abre camino a golpe de machete y muchas veces vence sin ser favorita en las apuestas.

Voy al grano. He visto algo de esto que llamamos mundo biker y le pasa un poco como a todos. Los comienzos son exultantes, solo hay ganas de hacer, de ver, de compartir, de disfrutar ... Tu corazón rebelde esta tocado por el ansia de libertad que identificas con rodar al viento, escuchar tu rock favorito y adoptar una postura inconformista que choca con la vienen imponiéndote. Pero la vida, que tiene el culo pelao, te enseña que nada es blanco o negro, y que muchas veces lo que parecía el camino era sólo un espejismo y que lo que parecía insignificante pasa a tener una importancia vital.

He visto a los gurús del mundo biker convertirse en respetadísimos hombres de negocios, y también a otros que siguen como al principio, intentando sobrevivir. He visto rebeldes incombustibles abandonar sus principios, de la noche a la mañana, para rendirse a los encantos una aburguesada vida mejor. Me he sorprendido encontrando en la humildad de algunos más autenticidad y consecuencia que en muchos puristas.

Creo que todos hemos sentido alguna vez esa terrible sensación de ir a alguna fiesta, concentración o lo que fuera y ser un cliente. Un puto cliente. Un pardillo más que se acerca a dejar la pasta. Y eso, eso no puede ser.

Yo soy de la quinta que pensaba que los clubs se montaban para apoyarse. Para tener un sitio a donde ir con los colegas, hermanos, amigos o lo que quiera llamarse, intercambiar experiencias y echarnos una mano cuando hiciera falta. No se trataba de mear en un territorio donde mandar, sino de poder enseñarlo a todos los bikers que se acercaran por él, que daban por sentado, que era tu espacio. Por supuesto, ser el anfitrión otorgaba unos poderes, de la misma manera que implicaba unas obligaciones para con los huéspedes. Jamás he entendido el ansia imperialista o colonizador de algunos, que preferían el enfrentamiento a entablar una buena relación.

Pero, bueno todo pasa y estoy seguro que no soy ni el único, ni el primero, ni siquiera el último desencantado. También se de buena tinta que hay muchos que persiguen ese sueño del que yo desperté, y que puede, que hasta logren. Por ellos, y por todos con los que me crucé en algun momento de mi vida como biker, se que ha merecido la pena. Ahora desde mi estancia, brindo a su salud con un buen trago de ron.

Grobitxo

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