7-11-2005

Con la castañada se abre el mes de noviembre, mes bastante apocado por la carencia de acontecimientos destacables, y por el ansia que crea al tener tan cerca las dulces Navidades. Y hablando de la Castañada, fiesta esta tan nuestra y arraigada, que la vamos substituyendo por algo llamado así como Jalogüing, o similar, según quien sea el interlocutor que te comente lo chupyguay que lo pasó el año pasado en la fiesta de la vecina, la MaryPuri, la del cuarto...

Total, que uno se va a tomar una cerveza, como un día más, quizá con la barriga algo pesada por culpa de esos panellets que la tía (hermana de tu madre, mal pensao) de turno insiste en fabricar, autenticas bombas de medio kilo con metralla piñonesca y cierto regustillo a rancho taleguero, digo, con la barriga llena y los pies libres, se va uno a tomar la cervecita y se encuentra con que la calle se ha convertido en un infierno. Dice un amigo con pensamientos siempre acertados, que es un tema psicológico: las mujeres necesitan, al menos una o dos veces en su vida, disfrazarse de diablas. Y pensándolo bien, no le falta razón: es la mejor excusa para ir vestida de guarrilla sin serlo, sin parecerlo y sin ejercerlo (por eso del sentimiento de culpa judeo-cristiano)

Bien, lo habíamos dejado en que nuestros pies iban caminando pesados pero firmes hacia un otrora enrollado bar biker de la ciudad, cuando observamos con sorpresa la ausencia de motos en la puerta. ¿La gente no habrá venido hoy? ( el bar anda de capa caída hace ya bastante ) pero oh! el Diablo Jalogüing’neng’se nos guiña un ojo en forma de bar repleto de rudos motoristas (99% luciendo colores en la espalda y un 1% con la suficiente dignidad de no lucir un parche del 1% ni el resto de la parafernalia coloril de marras) Todos adoradores del gran número primo que acaba en uno y empieza por ochenta. La parroquia lo pasa bien, hablan de lo cara que está la vida, de con quien han tenido que dejar a los niños, si me voy a dejar el pelo largo al estilo jeil angel de los 70’s, de lo jodido que es llegar a final de mes...todos mis queridos y rudos motoristas con unas poses de lo más molonas y unos caretos de estar hablando de cosas super interesantes y transcendentales para los funcionamientos del engranaje del soviet supremo que guía sus destinos y los de sus hermanos of the road. Por cierto, una road que suelen gastar en 4 ruedas, motivo por el que se veían espléndidos 4x4 aparcados en la puerta y solamente un par de motocicletas. Y eso que el tiempo era casi estival.

Ninguno lo comenta pero se sabe que están allí obligados. Obligados por una leyes de mercado, de obediencia, de sumisión, pero ellos se empeñan en llamar respeto al miedo y de llamar hermandad al caciquismo. No están en sus clubhouses comiendo castañas y bebiendo a lo guarro, compartiendo la tradicional noche con su familiares (escogidos o no) y amigos. Están llenando las arcas vacías (por una pésima gestión y nulo marketing) de un decadente local donde abundan supporters de chándals con la bandera española y las cabezas rapadas. Seguidores del equipo local de fútbol que, llegada una edad, cambian la valentía que les otorga la violencia descerebrada que vierten contra la masa borreguil y asustadiza en el estadio, que les ha hecho tristemente fuertes y pseudofamosos, por la pertenencia a un mundo del que no saben ni quieren saber, pero que les hará subir al menos (depende de la destreza de cada uno) un peldaño más en su involución personal. En una escalera que no se sabe muy bien si va para arriba o para abajo, pero que lo que cuenta es estar, y si no que se lo pregunten a todos lo que estaban, que no eran todos los que son ni, mucho menos, porque algo de dignidad, me gustaría pensar, debe quedar por ahí.

Tal vez no debí probar los panellets de medio kilo de mi tía o tal vez es la melancolía que provocó la ausencia de la vieja guardia y puede que, tal vez, el paso del tiempo nos haya convertido ya a algunos y sin quererlo en parte de ésta. Seguramente no estemos hechos para unos tiempos en que es más difícil compartir el éxito que el fracaso. Born to lose...and proud of it ¡!!! Yo, por lo menos, fuí en moto.

Boozzness

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