la cabaņa

por Marc Gras...

‘Get On Back’ suena de puta madre; nadie con un mínimo de gusto musical se atrevería a negarlo… aunque la verdad es que todo el puto CD es alucinante. Tishamingo han conseguido con este nuevo trabajo algo que hacia mucho tiempo que no oía en los discos de las ‘bandas nuevas’ de rock sureño. Estoy hablando de ‘The Point’, que ha salido este mismo 2007. Sencillamente genial.

A veces pasa esto… de un grupo del que no esperas mucho acabas convirtiéndote en un defensor acérrimo tras un trabajo como éste. Pero la verdad es que nunca he sido un fan de Tishamingo. El único CD que tenía era ‘Wear N’ Tear’, que sin ser una mierda, la verdad es que después de algunas escuchas es de esos discos que quedan aparcados en la estantería, acumulando polvo como el hierro de un pipiolo que ha cogido miedo a la carretera después de una caída tonta.

‘Wear N’ Tear’ lo compré casi por compromiso. A veces me pasa… me cuesta decir que no. No lo hubiera comprado si me hubiera parecido una mierda, claro, pero últimamente me ocurre que me suenan mejor los discos en la tienda que en casa. ¿Por qué será? Lo cierto es que no es un disco tan malo. Fue de esas veces que voy a la tienda de discos y pregunto: ‘¿Qué ha salido de nuevo?’ Como ya conocen mis gustos, empiezan a sacarme toda clase de grupos que no conocería si no fuera por ellos… The Brought Low, Rose Hill Drive, Pearls and Brass (otro día os hablaré de ellos)... y lo confieso, la mayoría de las veces, pico. Aunque nunca han conseguido endilgarme algo de North Mississipi All-Stars. Dirán lo que quieran, serán unos genios y habrán ganado muchos premios, pero a mi no me entran. Eso de que en una misma canción  al más puro estilo Skynyrd, te metan un pasaje de hip-hop… lo siento; por aquí no paso. Ni hablar del peluquín.



En fin, a lo que iba. El caso es que ya tenía a los Tishamingo olvidados, por lo menos desde hacia dos años o así, cuando compré ese CD, y de pronto un día recibo un e-mail de una tía que dice ser la manager de Tishamingo en Europa y que si me interesaría poder entrevistar a la banda, que están de promoción con ‘The Point’, que acaba de salir, y que si quiero me manda una copia. ‘Claro’, le digo, sin muchas esperanzas de que el disco sea la maravilla que ella me pinta. Dos semanas más tarde recibo el paquete, y pienso ‘Joder, pues lo ha enviado’ (la verdad es que la mitad de las veces que la gente promete enviarte discos, no lo hacen). Lo abro. Voy a por una cerveza en la nevera, pongo el disco en el DVD del comedor y me siento en el sofá. ¿Hace falta decir más? ‘Ahora si que nadie me libra de hacerles la entrevista y de escribir una crítica para la web o para alguna revista’, pienso. En el quinto corte, ‘Travel On’, no me queda más cojones que levantarme para coger el mando a distancia que está sobre la tele y subir el volumen. Hacia mucho tiempo que un grupo ‘nuevo’ no me gustaba tanto y, aunque me repita, tengo que decirlo: ‘The Point’ es uno de los mejores discos de rock sureño moderno de los últimos tiempos. En serio.
Pienso, ‘¿Harán algún concierto por aquí este año?’. El último concierto de rock sureño al que he ido es el que dieron Skinny Molly en Barcelona en Febrero. ¿Ha habido alguno más desde entonces? Ni idea; seguramente que sí, pero ya sabemos lo bien publicitados que están. Ahora Gov’t Mule tocarán en Madrid. ¿Alguna otra fecha en España? ¿Alguien lo sabe? En fín… es lo que hay.

Espera… Leonard Skinner. En el Valhalla de Barcelona. Sí, también fui a ese no hace mucho. Y, hey, muy buenos, de verdad.  Las guitarras potentes, la voz muy buena. Realmente ese tipo te hace recordar al malogrado hermano mayor de los Van Zant en algunos momentos. Lástima que duró poco… pero estuvo bien. Por lo menos tocaron ‘That Smell’, que me parece una canción de puta madre y que los costras de Skinny Molly no tocan nunca no sé porqué. Tengo que preguntárselo al Estes en la próxima entrevista…

Hmm… ‘Bad News’… sigo escuchando ‘The Point’. Esta sí que es 100% stoniana (por cierto, también vienen a tocar, ¿no?). Coño, ¡si hasta dicen el ‘pleased to meet you’ en algún momento! Ha, ha… increíble. Y ahora, ¿qué? ‘Tennessee Mountain Angel’… una balada. Bueno, ya tocaba. Si solo son una o dos baladas en el disco, lo puedo soportar. Pero si me llenan todo un puto álbum de baladas… joder, eso ya me toca un poco las pelotas. En fín… hay grupos para baladas y grupos para guitarreo. Cuando me apetece alguna balada, ya tengo a la Marshall Tucker Band o a los Dr. Hook, que por lo menos son cachondos, y la voz rasgada de Dennis Locorriere es punto y a parte. Tuve una época Dr. Hook & the Medicine Show, cuando tenía 14 años o así. Recuerdo que rebuscando por los videos grabados de la tele, encontré una cinta que seguramente había salido con alguna revista. Era una recopilación de videoclips y en la carátula salía Alice Cooper. En esa época, Alice Cooper era de lo más heavy que escuchaba, y puse la cinta en el video. Debía ser el segundo o tercer videoclip, pero allí estaban los Dr. Hook y su ‘Silvia’s Mother’. La verdad es que quedé alucinado. La canción estaba bien, y era bastante graciosa, aun con su aire melancólico y la voz desesperada de Dennis, pero lo que más me moló fueron las pintas del grupo. Y Ray Sawyer, el eterno cowboy borracho, con su parche en el ojo. Desde entonces me enganché a Dr. Hook y progresivamente fui sustituyendo el hard rock del Tío Alice por las baladas pseudo-country de Dr. Hook & the Medicine Show. El paso de Dr. Hook a Lynyrd Skynyrd y al rock sureño setentero era cuestión de tiempo.

Pero volviendo a Tishamingo, tal vez sí haya algo un poco más flojo en ‘The Point’. ‘Hard Fall’, canción número 9. Hm… ¿Cómo decirlo? ¿Demasiado modernilla? Será eso, pero no me acaba de convencer. Menos mal que el mal sabor de boca se pasa inmediatamente con el siguiente corte, ‘Walkin’ Shoes’, una canción digna de los mejores Riders of the Purple Sage. ¡Y como me gustan esos también! ‘Panama Red’… ¡ah! ¿Cómo coño puede haber alguien a quien no le guste? Si Dr. Pus tuviera un tema propio sonaría como ‘Panama Red’.

‘Devil’s Love Song’ es el último corte de once de ‘The Point’, algo decididamente cowboy, a medio camino entre Leonard Cohen, Townes Van Zandt y The Outlaws. Una canción de carretera. De noche. Verano. El cielo oscuro, casi negro, plagado de estrellas brillantes. Una harley vieja pero que va tan fina que parece que te deslices sobre el asfalto; una carretera en medio del desierto. Grandes extensiones de arena caliente a ambos lados, un horizonte plano y tranquilo, solo cortado por algunas hierbas, algunas rocas y algún cactus a lo lejos. Sombras largas. Solo la luna, las estrellas y la luz de la moto iluminan el camino. Cansado, pero tremendamente relajado, casi feliz, el aire caliente golpea los brazos que agarran el manillar con fuerza. Sin casco, ¿quién coño va a verte aquí? La chica detrás se ha dormido abrazada a la cintura… o donde estaba la cintura, antes de las cervezas de los últimos veinte años. Un cosquilleo sube por las piernas. ¿Parar para dormir? Solo unos kilómetros más… sólo unos kilómetros más… y tal vez un cigarrito antes de dormir, y golpear el polvo del desierto con las botas. Tumbarte panza arriba e intentar ver alguna estrella fugaz mientras ellas duermen. Una enroscada sobre una manta, la otra descansando sobre su pata de cabra. Y cerrar los ojos. Y dormir. Y seguir el camino al amanecer.
Tishamingo. ‘The Point’. Vale la pena
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